A comienzos de la década del ’50, los mellizos Álvaro y Gustavo Izurieta descubren, en un pequeño pueblo
de la pampa argentina, que a través del arte pueden expresar sus sentimientos y fantasías.
En el año 1963 Gustavo pierde la vida, quedando Álvaro en la solitaria custodia de aquellos dones descubiertos en la infancia. Treinta años de solitaria e intensa labor encuentran hoy su continuación
en el trabajo de sus hijos Pablo, Adela, Ramiro y Andrés.