

ENCUENTROS Y COINCIDENCIAS
--"En este momento en que todo parece tender a la despoetización, a la mecanización, a la materialización de la vida, donde pretende primar el cálculo frío e insensible hasta para los actos eminentemente orgánicos y trascendentes, como para los negocios vulgares, difícil es mantener con vigor e interés a las artes emocionales que solo se alimentan de ensueño y de idealismos. No es de sorprender el desconcierto actual, la anarquía consiguiente".
--Pedro Figari, revista Martín Fierro, Buenos Aires, enero de 1925
--En el catálogo de esta reunión de artistas, justamente nombrada Encuentros y Coincidencias, quería comenzar por señalar las diferencias, confiando en que, como suele suceder, éstas contribuirán a reforzar las primeras.
--Uno de los dos maestros, que ocupa desde hace décadas un lugar central en el panorama plástico argentino, irradia desde la Capital Federal una titánica y ejemplar labor artística, docente y humana, que lo ha convertido en espejo y referente de las nuevas generaciones de creadores argentinos.
--El otro batalla desde hace más de treinta años en el difícil y áspero interior de la Argentina donde el amplio cielo dificulta la visión de las fronteras, donde todas parecen ser partidas, saltos al vacío, pasos en el desierto.
--Uno es un conspicuo continuador de la honorable tradición que heredó de sus maestros, algunos de los representantes más notables de la plástica argentina del siglo XX.
--El otro tomó las señales y pistas que la pasión y el azar le señalaron para construir su mundo al calor de los más nobles valores de la plástica universal.
--Uno, el maestro Antonio Pujía, se encuentra en la cima de su sabiduría artística y personal; a otro, el maestro Alvaro Izurieta, lo ocupa en estos momentos y por completo, el ensanchamiento de su libertad creadora.
--Si las diferencias citadas son nominales, las coincidencias en cambio son sustanciales. Más allá del hecho de que Alvaro Izurieta trabajara por un breve espacio de tiempo -a comienzos de la década del 70’- en el taller del maestro Pujía, logrando un vínculo indeleble con preceptos que este custodia desde siempre, quisiera arriesgar un punto de “encuentro” entre la obra de ambos artistas, y para voy a acudir a la palabra Resistencia.
--Esto no se debe solamente a que se trata de dos luchadores, enfrentados cada cual desde un lugar muy distinto pero igualmente exigente, al siempre difícil camino del arte, sino sobre todo porque han sabido sostener por años la doble tarea del que resiste: avanzar profundizando un camino a la vez de defenderlo de los atajos fáciles de la moda, de los extravíos del éxito y del desaliento que suele acechar al hombre.
--Erigir una obra auténtica y preñada de plenitud es una ardua tarea en todas las épocas –baste como ejemplo el epígrafe de Figari-, pero también es cierto que cada tiempo impone dificultades singulares al proceso del arte, del que forman parte creadores y espectadores.
--El hombre del siglo XXI tiene que madurar muy pronto en la tolerancia a la fealdad y banalidad del mundo que habita, en un vértigo que le dificulta las experiencias hondamente humanas. Abocado casi exclusivamente a responder a los cada vez más numerosos y violentos estímulos del entorno - “shocks”, en términos de Benjamin- el hombre disfraza de indiferencia a su perplejidad, adoptando habitualmente lugares comunes ante la imposibilidad de penetrar el misterio.
--Una obra de arte acabada y que persigue la belleza sugiere en cambio un programa distinto y hasta opuesto. En primer lugar propone un encuentro con la porción de eternidad que la conforma, cuestionando así la hegemonía de la novedad. Cuando todo parece provisorio muestra un mundo acabado, en donde la evidencia de sus limitaciones lo confirma como tal. Cuando el hombre se perfecciona en el vértigo de la eficiencia la obra de arte exige el silencio necesario para hacer oír su voz, extraña y diversa de otras voces pululantes. Ajena a la mera erudición, a la solemnidad y a la manipulación arbitraria la obra persiste en la verdad y el misterio que proyecta.
--Las obras
--Pienso que ambas obras se hermanan en un aspecto fundamental: encumbran a la emoción sacrificando otros placeres y vanidades. -la famosa frase del poeta alemán Friedrich Hölderlin, “El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa”, sintetiza quizás la técnica de ambos-.
--Probablemente una de las metas más certeras en la búsqueda de cualquier artista sea la de la síntesis, es decir el milagro de concentrar múltiples aspectos en una concreción rotunda y única. Sé que están en la admiración de nuestros dos maestros la siempre inspirada y sabia obra de Morandi y de Marino Marini, la escultura egipcia y la pintura de Modigliani, todos maestros de la síntesis, del decir mucho con lo indispensable.
--En el período en que tiene lugar esta muestra Pujía ha arribado a una síntesis que se concreta en una personal manera de expresar los ideales clásicos. Los códigos neobarrocos de otros tiempos (pensemos en sus conocidas series sobre temas sociales o en la dedicada al Martín Fierro) han dado lugar a una visión acabadamente clásica confiada a la limpieza de una línea tan depurada que parece disolverse en la materia. Línea y forma se confunden en una obra que despreocupada de expresar, se aboca solo a sentir.
--Alvaro Izurieta indaga en la actualidad en una forma de síntesis que vincula los dos elementos principales de la pintura: el color y la línea. Formado en el estudio de los maestros del Renacimiento, para el dibujo, y de los barrocos para la pintura, Izurieta confunde ambos recorridos en una solución expresionista, donde la línea, que maneja con calidad de experto, está supeditada a la potencia del color, que es el que señala y domina las formas.
--Las temáticas de ambos son las del arte universal (el retrato, el desnudo, las escenas con personajes), a las que han unido sus preocupaciones sobre el drama contemporáneo.
--Para ambos tradición es una bella palabra y el respeto a los maestros una moral personal.
--Los hombres
--En estos momentos de saberes recortados, de sabiduría que cotiza en bolsa, de parquedad que esconde pobrezas, ambos artistas han hecho de la comunicación una marca personal. Comunicación en primer lugar a través de una obra que no pretende ocultar sino des-cubrir, donde lo críptico he perdido la batalla frente a lo universal y donde, como ya lo señaláramos, la emoción directa y sincera se distingue del gesto estudiado y disfrazado. Comunicación con los muchos jóvenes que se acercan a ellos para recibir algo de su entrega generosa, conscientes de que los verdaderos artistas son finalmente, y cada uno en su redil, compañeros de ruta. Y finalmente está la comunicación con un público que ha podido acompañar su obra a lo largo de décadas de trabajo sostenido y en constante ascenso.
--Debo nombrar también la importancia que en ambos tiene la familia, siendo sostén y fuente de estímulo permanente y el ámbito donde han volcado verdadero amor y sacrificio. Como evidencia baste la concreción de esta muestra, suma del anhelo y la compañía de las dos familias.
--Hasta aquí estas tímidas expresiones. Ahora lo dejo a usted, querido visitante, advertir dentro de sí los propios “encuentros y coincidencias” con las obras de esta exposición.
--Pablo Izurieta, Buenos Aires, 28 de agosto de 2009.

14/10/09-Natalia Astoreca:
--La verdad es que no lo conozco a usted pero nos une nuestro lugar de nacimiento BUCHARDO.... Y he conocido parte de sus pinturas por catalogos.Ojala pudiera visitar algun dia una muestra suya.
Saludos.Natalia
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